(Artículo origen: "Ojo con los liberales", publicado en Bengoetxe el 09.11.2008)
Últimamente cae en mis manos semanalmente la revista Actualidad Económica en la que escriben personas como Miguel Ángel Belloso, que no sé si es su director, que se jacta de un liberalismo a ultranza. Y eso me ha permitido saber, por ejemplo, que los liberales están echando la culpa de la crisis a Alan Greenspan, el presidente de la FED (Banco Central de EEUU) durante la etapa Bush, y a su gestión de los tipos de interés. Es decir, los mismos que hace bien poco subían a este señor a los altares por lo bien que le estaba echando gasolina a la economía, lo ponen ahora a caldo por haber provocado el desastre. En definitiva, asignan a una política monetaria errónea la culpa de todo. La sencilla explicación que proponen sería algo así como: al estar tan bajos los tipos de interés,
- a la gente le ha dado por endeudarse hasta las cejas y
- los gestores de los bancos han tenido que poner a prueba su creatividad para inventar productos que ofrecieran una rentabilidad suficiente a los inversores y evadieran los controles de los reguladores públicos.
En definitiva, según los liberales el problema ha sido causado por los bajos tipos de interés y el exceso de regulación. Lo que no explican los liberales es por qué ahora vuelven a apoyar rebajas de tipos de interés. En todo caso, siguen insistiendo en que la receta mágica es una política monetaria adecuada, que de verdad no sé ni si ellos saben cuál es, y nuevas desregulaciones.
Por eso, porque este sector de economistas (y las empresas que les pagan) sigue intentando presionar con sus ideas, creo que es muy importante dejar claras al menos dos cosas.
En primer lugar, tenemos que denunciar los comportamientos no éticos que nos han llevado a esta situación de crisis y que han arrastrado al conjunto de la población a un estado de amnesia y de espejismo de riqueza que ha complicado doblemente las cosas. Comportamientos no éticos por parte de los intermediarios financieros y las agencias de rating en Estados Unidos o de los promotores inmobiliarios en España. En un caso, inventándose unos productos cuya calificación real era muy inferior a la anunciada y que eludían el control de la FED, y en el otro estrujando a los demandantes de vivienda, generando un enorme mercado de dinero negro y pagando comisiones a los políticos para conseguir recalificaciones millonarias. Y en mi opinión lo sucedido en el mercado inmobiliario español ha sido mucho más grave que lo acontecido en EEUU porque el producto en cuestión (la vivienda) es de primera necesidad y porque quienes lo han adquirido no tenían otro remedio que pasar por el aro, mientras que las subprime empaquetadas han sido adquiridas por inversores codiciosos a los que les parecía escasa la rentabilidad ofrecida en otros productos. O dicho de otro modo, mientras no cabe achacar ninguna culpa a los compradores de viviendas en España no puede decirse lo mismo de los inversores en productos financieros derivados en EEUU.
En todo caso, sí es cierto que en ambos casos, y también en lo relativo a los elevados incrementos del valor de las acciones en las Bolsas, la población se ha visto anestesiada por la sensación de riqueza que producía pensar que lo que ayer compré a 10 hoy ya valía 20. ¿Quién no ha hecho ese comentario cuando el vecino o la vecina vendía su vivienda, igualita que la nuestra, por un 50% más de lo que a nosotros nos había costado? O ¿cuántas personas se han sentido realmente ricas cuando han adquirido, por supuesto a plazos, un coche de gama superior a la de su jefe o jefa? Es decir, ha sido el conjunto de la sociedad la afectada por la enfermedad de la ilusión del capitalismo. Y curiosamente (¿o no?) esa sensación de riqueza no ha servido para que nos sintiéramos verdaderamente generosos con quienes padecían situaciones de miseria (dígase gran parte de África) sino que, al contrario, nos ha hecho atrincherarnos en nuestra "fortaleza económica" y defenderla con vallas y sistemas anti-pateras. Por eso, podemos decir que las ideas neoliberales nos han llevado no sólo a una aguda crisis económica sino también a un profundo deterioro ético y de valores en la sociedad. Y éste es el motivo de que a la hora de pensar en soluciones a la crisis debamos incorporar la cuestión ética como elemento básico para la recuperación de un modelo más humano. Y estoy convencido de que el nuevo escenario que se abre nos hará recuperar la solidaridad, renovar nuestra humanidad. Y eso, entre otras cosas, porque ya no nos sentiremos tan fuertes y veremos las ventajas de la colaboración con otros.
Por otro lado está la cuestión de la regulación. Pero como este post se está alargando lo dejo para otro momento.
