(Artículo origen: "Condonación de hipotecas y limitación de los plazos", publicado en Bengoetxe el 01.11.2008)
No me lo invento. Estaba yo a punto de escribir un articulito sobre la condonación de hipotecas cuando leí ayer (se los juro que lo leí) en El País digital la noticia de que el Gobierno estaba pensando en favorecer el impago temporal de hipotecas por parte de los parados. La cosa no es que fuese la bomba, ya que se trataba de alargar el plazo de los préstamos, pero el mensaje me gustó porque situaba el foco de la preocupación de la crisis donde debe estar: en las personas de a pie, que las están pasando y las van a pasar canutas. Pues bien. La noticia de El País, que evidentemente era de primera página, desapareció de la edición digital y ya no la he vuelto a ver. Por favor, si alguien la encuentra, que me la devuelva.
Por mi parte, seguiré con lo que había pensado decir, entre otras cosas para compensar expresiones como ésta de David Lewis, representante oficial del sector financiero británico: "Los que se hipotecaron tienen más culpa de la crisis financiera que los banqueros". Y lo que voy a decir es precisamente todo lo contrario: fue la insaciable ansia de ganar dinero de los banqueros lo que llevó a muchas personas, que no tenían otra forma de ejercer su derecho a disponer de un techo donde desarrollar un proyecto de vida (salvando honrosas excepciones como la de las VPO en Euskadi), a endeudarse hasta las cejas a tipos de interés variables (y por lo tanto arriesgados) y a plazos eternos. Y ha sido precisamente ese endeudamiento masivo de las familias, para cuya cobertura las entidades financieras españolas (y creo que también las británicas) tuvieron que recurrir al ahorro de otros países europeos, lo que nos ha llevado a una situación muy complicada y que, más allá de la crisis financiera internacional, ha obligado al Gobierno a poner en marcha ese oscuro plan de rescate versión española.
De modo que a estas alturas, y más en los próximos meses, van a ser muchas las familias que tendrán una deuda hipotecaria mayor que el valor de su vivienda. En Estados Unidos ya están en esa situación uno de cada cinco prestatarios de hipotecas. Si a eso añadimos una situación de desempleo, creo que hay motivos suficientes para reclamar la condonación (al menos parcial) de dichos préstamos, hasta lograr adaptar la capacidad de pago de las familias a sus obligaciones como prestatarias. Y tenemos que hablar de condonación y no de alargamiento de plazos porque esta segunda medida no hace sino prolongar la agonía y mantener en condiciones de indignidad a todas esas personas.
Por eso, la segunda medida que es preciso tomar para que no se repita en el futuro el desastre actual es la limitación de los plazos de los nuevos préstamos, y la prohibición de refinanciar a más plazo del pactado inicialmente. Propongo 20 años como plazo máximo. Algunos dirán que no es el momento para aplicar una decisión así porque eso puede impedir la recuperación del mercado, pero francamente creo que el mercado está, y va a estar en los próximos años, lo suficientemente maltrecho como para que nada le afecta demasiado. Y, en todo caso, lo que no podemos permitir es que ese "relanzamiento" del mercado se vuelva a producir para beneficiar a unos pocos y poner contra las cuerdas a los miles de jóvenes que siguen sin vivienda. Limitemos los plazos de los préstamos y bajará inmediatamente la remuneración al suelo y, por supuesto, los precios de las viviendas.
Lee a otros que ya estaban en lo mismo hace algún tiempo: Kaosenlared
